Camino de mi casa al trabajo

 

Camino de mi casa al trabajo,

33 minutos de ida y 33 minutos a la vuelta,

lo hago a diario.

Lo hago básicamente para oxigenar pensamientos,

para sentirme en forma

y como entrenamiento para cuando enfrento

y peleo con mis demonios y mis fantasmas.

En esas caminatas escucho música,

debato, intercambio ideas y discuto conmigo mismo.

Me dejo sorprender por la realidad que envuelve mi mirada.

Me parece ver a William Faulkner comprando verduras.

Me parece ver a mis demonios y fantasmas caminando conmigo.

Me parece ver a mi super yo perdiendo con mis demonios y fantasmas.

Veo todo eso desde el reprimido fondo de mis arrebatos

y salvando todos los delirios inaccesibles

de muros polvorientos y resplandores desnudos

que obnubilan el letargo de los días.

Mis demonios y fantasmas me envían un beso oculto sin suspiro.

Me envían un puñal turbado, anudador, gemidor,

una cuchillada exacta, compacta, y un poquito estremecida

para que desangre el resto de mis días.

 


Comentarios

Estas crónicas no intentan tranquilizar al lector ni ofrecer respuestas cómodas. Es un descenso íntimo por la memoria, el desgaste emocional, la soledad contemporánea y esas pequeñas ruinas afectivas que vamos acumulando mientras fingimos normalidad. Entre la crónica existencial, el ensayo confesional y la sensibilidad poética, José Luis Colombini construye un territorio donde el insomnio, la melancolía y la lucidez conviven como viejos compañeros de madrugada. Cada texto funciona como un fragmento de conciencia: escenas urbanas, recuerdos deformados por el tiempo, amores perdidos, conversaciones imaginarias, reflexiones sobre literatura, música, cine y el extraño cansancio de estar vivo en una época que convierte todo en ruido y velocidad. Hay ecos de Poetas, Filósofos, Artistas, Predigistadores de palabras , pero también bares vacíos, lluvias de Traslasierra, bibliotecas personales y derrotas mínimas narradas con una honestidad brutal. No busca explicar el mundo. Busca entender qué queda de nosotros después de atravesarlo. Helena Vesper