Crónicas del Desvelo. Los restos de la noche. Literatura, periodismo gonzo, poesía, ensayos y observaciones de José Luis Colombini.

Hay noches en las que los libros permanecen abiertos sobre la mesa, el whisky pierde lentamente el frío y las fotografías dejan de ser recuerdos para convertirse en interrogantes. Es en ese territorio incierto, donde la ciudad duerme y la memoria insiste en permanecer despierta, donde nacen estas crónicas. Crónicas del Desvelo no pretende ofrecer respuestas. Es un refugio para quienes encuentran en la literatura, el rock, el cine, la filosofía y la memoria una forma de habitar el mundo. Aquí conviven Borges y Baudelaire con Robert Smith y Bowie; Schopenhauer conversa con Camus mientras una película española, una novela olvidada o una canción de post-punk iluminan, aunque sea por un instante, la oscuridad de la madrugada. Escribo desde Traslasierra, pero también desde los bares de la memoria, las bibliotecas de la adolescencia, los discos gastados, las calles recorridas y las pérdidas que todavía siguen haciendo preguntas. Cada texto es una mezcla de ensayo, autobiografía y periodismo gonzo; una manera de entender que el autor no observa la realidad desde afuera, sino que inevitablemente forma parte de ella. Porque escribir, al final, no consiste en contar una historia. Consiste en descubrir qué historia nos está contando a nosotros. “Esto no es contenido. Es insomnio grabado.”
Cada palabra publicada en este blog nació de la escritura de José Luis Colombini. Estas crónicas, ensayos, poemas y reflexiones forman parte de su obra intelectual y están protegidos por los derechos de autor. Si algún texto te conmueve, podés compartirlo, siempre citando la fuente y respetando la autoría. Gracias por valorar el trabajo creativo y la escritura independiente.

Cómo terminé enamorándome de Murakami


 Cómo terminé enamorándome de Murakami

 

 

He leído dieciséis libros de Haruki Murakami. La culpable de esta obsesión tiene nombre: mi hija Vicky, fanática de Murakami desde mucho antes que yo. Gracias a ella descubrí un universo del que ya no pude salir.

Comparto aquí mis cinco favoritos, aunque antes quiero hacer una mención especial a un sexto libro.

Si te gusta Murakami —o simplemente disfrutas correr—, tenés que leer “De qué hablo cuando hablo de correr”. Es una obra hermosa que permite entender mejor al escritor: su disciplina, sus obsesiones, su manera de mirar el mundo y, en definitiva, buena parte de la cocina de sus novelas.

 

“Puesto 5: “Tokio Blues (Norwegian Wood)”

 

Fue la puerta de entrada a Murakami. Todavía recuerdo cuánto extrañé a Watanabe cuando terminé la novela y todo lo que me hizo reír Tropa de Asalto, uno de esos personajes que permanecen mucho tiempo con el lector.

 

“Puesto 4: “Al sur de la frontera, al oeste del sol”

 

Es el libro que más recomiendo a quienes me preguntan por dónde empezar a leer a Murakami. Es breve, claro, melancólico y reúne muchas de las virtudes que hacen único al autor.

 

“Puesto 3 (empate): “Los años de peregrinación del chico sin color” y “Baila, baila, baila”

 

No pude elegir uno solo. “Los años de peregrinación del chico sin color” es una novela profundamente emotiva sobre la identidad, la pérdida y la amistad. “Baila, baila, baila”, en cambio, cierra de manera extraordinaria la saga del Ratón y contiene algunas de las páginas más hipnóticas que escribió Murakami.

 

“Puesto 2: “Kafka en la orilla”

 

Si alguien me pidiera una novela que condensara el universo de Murakami, probablemente elegiría esta. Bibliotecas que parecen tener vida propia, gatos que hablan, sueños, música y una realidad que se desliza hacia lo fantástico con absoluta naturalidad. Es una novela imprescindible.

 

“Puesto 1: “El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas”

 

Mi favorita entre las dieciséis que he leído.

No podría explicar con argumentos por qué ocupa el primer lugar. A veces los mejores libros escapan a cualquier justificación. Solo puedo recordar la sensación que tuve al cerrar la última página: esa mezcla de asombro, melancolía y gratitud que muy pocas novelas consiguen despertar.

Hay libros que uno admira. Y hay otros que, sin saber exactamente cómo, terminan viviendo para siempre con uno. Este, para mí, pertenece a esa segunda categoría.


 

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