Cuando un triunfo también se convierte en un mensaje
El fútbol suele venderse como un territorio neutral, una
especie de refugio donde la política debería quedarse en la puerta del estadio.
Sin embargo, la historia insiste en demostrar lo contrario. Desde el saludo del
Poder Negro en los Juegos Olímpicos de México 1968 hasta los brazaletes, las
pancartas y los gestos de solidaridad que atraviesan el deporte moderno, cada
Mundial recuerda que los jugadores y los entrenadores siguen siendo personas
antes que símbolos.
Esta vez ocurrió después de una victoria histórica.
Egipto eliminó a Australia por penales y consiguió, por primera vez,
clasificarse a los octavos de final de una Copa del Mundo. Mientras sus
futbolistas celebraban el logro deportivo, el entrenador Hossam Hassan eligió
otra imagen para inmortalizar la noche: ingresó al campo sosteniendo una
bandera palestina.
Quienes seguimos la transmisión en vivo por televisión
difícilmente olvidemos ese instante. No fue una celebración más. Ver al
entrenador caminar por el césped con la bandera palestina extendida, en medio
de la euforia por una clasificación histórica, tuvo una fuerza emocional
imposible de ignorar. Más allá de las posiciones políticas de cada uno, la
escena conmovió. Porque durante unos segundos el fútbol dejó de hablar
únicamente de goles y penales para convertirse en un lenguaje de humanidad,
memoria y solidaridad.
La escena recorrió el mundo en cuestión de minutos. Para
algunos fue un gesto de solidaridad. Para otros, una expresión política que no
debería tener lugar en una cancha de fútbol. Pero, más allá de las opiniones,
la fotografía dejó de pertenecer al partido para convertirse en un documento de
época.
Después del encuentro, Hassan fue todavía más explícito.
Dedicó el triunfo "al pueblo egipcio y al pueblo palestino",
vinculando una victoria deportiva con un mensaje que trasciende los noventa
minutos y que inevitablemente remite al conflicto que desde hace meses ocupa el
centro de la agenda internacional.
Las imágenes deportivas tienen esa capacidad. Un gol
puede olvidarse al cabo de unos años; una fotografía, en cambio, permanece.
Basta recordar a Pelé abrazado por Jairzinho, a Maradona levantando la Copa del
Mundo o a Lionel Messi sentado junto al trofeo en la madrugada de Doha. Son
postales que terminan contando algo más que un resultado.
La bandera palestina en manos del técnico egipcio ya
forma parte de esa colección de imágenes destinadas a sobrevivir al marcador.
No explica el partido. Explica el tiempo que vivimos.
Porque el fútbol podrá intentar ser únicamente un juego.
Pero, cada tanto, la realidad entra a la cancha y reclama su lugar. Y quienes
lo vimos en directo por televisión sentimos que estábamos presenciando algo que
iba mucho más allá de un triunfo deportivo. Fue uno de esos momentos que
emocionan porque recuerdan que, incluso en el escenario más competitivo del
mundo, todavía hay gestos capaces de interpelar la conciencia y quedar grabados
en la memoria colectiva.

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