Crónicas del Desvelo. Los restos de la noche. Literatura, periodismo gonzo, poesía, ensayos y observaciones de José Luis Colombini.

Hay noches en las que los libros permanecen abiertos sobre la mesa, el whisky pierde lentamente el frío y las fotografías dejan de ser recuerdos para convertirse en interrogantes. Es en ese territorio incierto, donde la ciudad duerme y la memoria insiste en permanecer despierta, donde nacen estas crónicas. Crónicas del Desvelo no pretende ofrecer respuestas. Es un refugio para quienes encuentran en la literatura, el rock, el cine, la filosofía y la memoria una forma de habitar el mundo. Aquí conviven Borges y Baudelaire con Robert Smith y Bowie; Schopenhauer conversa con Camus mientras una película española, una novela olvidada o una canción de post-punk iluminan, aunque sea por un instante, la oscuridad de la madrugada. Escribo desde Traslasierra, pero también desde los bares de la memoria, las bibliotecas de la adolescencia, los discos gastados, las calles recorridas y las pérdidas que todavía siguen haciendo preguntas. Cada texto es una mezcla de ensayo, autobiografía y periodismo gonzo; una manera de entender que el autor no observa la realidad desde afuera, sino que inevitablemente forma parte de ella. Porque escribir, al final, no consiste en contar una historia. Consiste en descubrir qué historia nos está contando a nosotros. “Esto no es contenido. Es insomnio grabado.”
Cada palabra publicada en este blog nació de la escritura de José Luis Colombini. Estas crónicas, ensayos, poemas y reflexiones forman parte de su obra intelectual y están protegidos por los derechos de autor. Si algún texto te conmueve, podés compartirlo, siempre citando la fuente y respetando la autoría. Gracias por valorar el trabajo creativo y la escritura independiente.

El filo de la simplicidad: qué es la navaja de Ockham y por qué sigue siendo indispensable


 

El filo de la simplicidad: qué es la navaja de Ockham y por qué sigue siendo indispensable

 

La navaja de Ockham, también conocida como el principio de parsimonia, es uno de los criterios de razonamiento más importantes de la filosofía y la ciencia. Su idea central sostiene que, cuando existen varias explicaciones posibles para un mismo fenómeno y todas explican los hechos con la misma eficacia, conviene preferir aquella que requiere menos supuestos o hipótesis adicionales.

Este principio se atribuye al filósofo y fraile franciscano inglés Guillermo de Ockham (siglo XIV), quien defendía que no era necesario multiplicar las entidades o las explicaciones más allá de lo indispensable. La formulación más conocida de esta idea es: "No deben multiplicarse los entes sin necesidad" (Entia non sunt multiplicanda praeter necessitatem), una frase que, aunque no aparece literalmente en sus escritos, sintetiza fielmente su pensamiento.

En términos sencillos, la navaja de Ockham no afirma que la explicación más simple sea siempre la verdadera, sino que, ante dos teorías igualmente capaces de explicar un hecho, es más razonable comenzar por la que introduce menos elementos, menos excepciones y menos conjeturas. La simplicidad, en este contexto, no significa superficialidad, sino economía de hipótesis.

Un ejemplo cotidiano ayuda a comprenderlo. Si una mañana el automóvil no enciende, una explicación probable es que la batería se haya descargado. Otra posibilidad sería imaginar una compleja combinación de fallas mecánicas, defectos eléctricos y condiciones ambientales extraordinarias. Mientras no existan pruebas que indiquen lo contrario, la navaja de Ockham aconseja investigar primero la causa más sencilla y habitual: la batería.

Este principio se aplica de manera constante en la investigación científica. Cuando dos modelos explican un mismo conjunto de datos con idéntica precisión, los científicos suelen inclinarse por el más simple, ya que resulta más fácil de comprobar, comprender y poner a prueba. Del mismo modo, en la medicina, los profesionales suelen considerar primero los diagnósticos más frecuentes antes de explorar enfermedades extremadamente raras, siempre sin descartar nuevas posibilidades si la evidencia así lo exige.

Es importante señalar que la navaja de Ockham no constituye una ley absoluta ni una garantía de verdad. La realidad puede ser compleja, y en muchas ocasiones la explicación correcta resulta ser la más elaborada. Por ello, este principio debe entenderse como una herramienta metodológica que ayuda a ordenar el razonamiento y a evitar explicaciones innecesariamente complicadas cuando una más sencilla explica adecuadamente los hechos.

En definitiva, la navaja de Ockham nos invita a pensar con rigor y prudencia: antes de construir teorías complejas, conviene preguntarse si una explicación más simple no basta para comprender aquello que observamos. Es un principio que, más de seis siglos después de su formulación, sigue siendo una guía fundamental para la filosofía, la ciencia y el pensamiento crítico.

 

 Pode leer: l La navaja de Ockham contra la paranoia del lector

 

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