Crónicas del Desvelo. Los restos de la noche. Literatura, periodismo gonzo, poesía, ensayos y observaciones de José Luis Colombini.

Hay noches en las que los libros permanecen abiertos sobre la mesa, el whisky pierde lentamente el frío y las fotografías dejan de ser recuerdos para convertirse en interrogantes. Es en ese territorio incierto, donde la ciudad duerme y la memoria insiste en permanecer despierta, donde nacen estas crónicas. Crónicas del Desvelo no pretende ofrecer respuestas. Es un refugio para quienes encuentran en la literatura, el rock, el cine, la filosofía y la memoria una forma de habitar el mundo. Aquí conviven Borges y Baudelaire con Robert Smith y Bowie; Schopenhauer conversa con Camus mientras una película española, una novela olvidada o una canción de post-punk iluminan, aunque sea por un instante, la oscuridad de la madrugada. Escribo desde Traslasierra, pero también desde los bares de la memoria, las bibliotecas de la adolescencia, los discos gastados, las calles recorridas y las pérdidas que todavía siguen haciendo preguntas. Cada texto es una mezcla de ensayo, autobiografía y periodismo gonzo; una manera de entender que el autor no observa la realidad desde afuera, sino que inevitablemente forma parte de ella. Porque escribir, al final, no consiste en contar una historia. Consiste en descubrir qué historia nos está contando a nosotros. “Esto no es contenido. Es insomnio grabado.”
Cada palabra publicada en este blog nació de la escritura de José Luis Colombini. Estas crónicas, ensayos, poemas y reflexiones forman parte de su obra intelectual y están protegidos por los derechos de autor. Si algún texto te conmueve, podés compartirlo, siempre citando la fuente y respetando la autoría. Gracias por valorar el trabajo creativo y la escritura independiente.

El escritor más citado y menos leído. Bukowski para los que nunca leyeron a Bukowski

El escritor más citado y menos leído

Bukowski para los que nunca leyeron a Bukowski

 

En 1988, Fito Páez sacó su quinto disco: “Ey!”. El quinto tema, que cerraba el lado A de aquel vinilo de tapa doble, se llamaba "Polaroid de locura ordinaria".

En el sobre interno, junto a las letras, podía leerse: "Basado en el cuento La chica más guapa de la ciudad, de Charles Bukowski."

Y entonces surgía la pregunta: ¿quién era ese tal Bukowski?

Así muchos llegamos a él. No por un algoritmo, ni por una frase con letras blancas sobre un fondo negro. Llegamos por un disco, por la curiosidad y por esa hermosa costumbre de seguir el rastro de una referencia hasta encontrar un libro.

Compré “Factótum”. Después vino “Mujeres”, “Cartero”, “La senda del perdedor”, “Hollywood”, “Pulp”, los poemas... uno detrás de otro. Descubrí que Bukowski no era el personaje alcohólico que la gente imaginaba, sino un escritor inmenso que utilizaba el alcohol, el sexo, las carreras de caballos, los trabajos miserables y la derrota para hablar de algo mucho más profundo: la condición humana.

Murió en 1994. Y, paradójicamente, con la llegada de las redes sociales se convirtió en uno de los escritores menos leídos y más citados de internet.

Hay un extraño deporte contemporáneo: citar a Charles Bukowski sin haber leído jamás un libro suyo.

Comparten frases sobre whisky, mujeres, cigarrillos y soledad como si fueran estampitas religiosas. Le ponen una foto en blanco y negro, una tipografía elegante y listo: ya creen haber entendido a Bukowski.

El problema es que una enorme cantidad de esas frases jamás las escribió.

Internet convirtió a Bukowski en una fábrica de frases para consumo rápido. Pero el verdadero Bukowski era incómodo, contradictorio, brutal, muchas veces desagradable y, otras, profundamente tierno. No escribía para quedar bien ni para conseguir miles de "me gusta". Escribía sobre la humillación, la pobreza, el trabajo alienante, la vejez, el fracaso, el deseo de seguir escribiendo aunque nadie creyera en él.

Cuanto más se comparte su imagen, menos se lo lee. Y esa paradoja dice mucho de nuestra época.

Vivimos rodeados de personas que creen conocer a un autor porque compartieron diez frases atribuidas a él. La mayoría nunca abrió un libro suyo. Nunca acompañó a Henry Chinaski por las oficinas de correos, los hipódromos, las pensiones miserables o las habitaciones donde escribir era la única forma de no volverse completamente loco.

Esta es mi colección personal de Carlitos. Todos estos libros están leídos y releídos varias veces. Algunos todavía conservan anotaciones al margen, páginas dobladas y ese desgaste que solo tienen los libros que realmente acompañan una vida.

No los muestro para presumir una biblioteca. Los muestro porque detrás de cada ejemplar hay horas de lectura, de subrayados, de discusiones silenciosas con un autor que nunca intentó caerle bien a nadie.

Lean libros.

No se conformen con memes ni con frases sueltas, muchas veces falsas. Un escritor no cabe en una imagen que se comparte en cinco segundos. Se descubre página tras página, con sus contradicciones, sus excesos, sus miserias y también con su inmensa humanidad.

Porque un meme dura un instante. “Un libro puede acompañarte toda la vida.”

 

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