Nuestros amantes: los escritores también
inventan su propia vida
Nuestros amantes (2016), de Miguel Ángel
Lamata
Una mujer se sienta frente a un desconocido
en la cafetería de una librería y le prohíbe hacer lo que todos hacemos cuando
conocemos a alguien.
—No quiero saber cómo te llamas.
No porque el nombre no importe. Al
contrario. Porque los nombres vienen cargados de pasado: padres, ex parejas,
documentos, redes sociales, currículums sentimentales. Irene quiere conocer al
hombre antes que a su biografía. Quiere inventarlo otra vez.
Y él acepta. Acepta jugar. No salir. No
seducir. Jugar.
Como hacen los niños cuando llegan a un
parque y simplemente preguntan:
—¿Jugamos?
En una época obsesionada con saberlo todo
del otro antes del primer café, la propuesta resulta casi revolucionaria. No
buscarse en Internet. No intercambiar teléfonos. No investigar. Descubrirse
lentamente, dejando que las palabras construyan un territorio común.
Pero esa es apenas la superficie de la
película.
Debajo de la comedia romántica se esconde
otra historia, mucho más interesante: la de dos hombres que viven de las
palabras y representan dos maneras opuestas de entender la literatura y la
vida.
Carlos es un guionista exitoso y, al mismo
tiempo, un escritor fracasado.
No porque escriba mal.
Al contrario: escribe películas de
animación muy exitosas, “Mema y Lerda”, que le permiten vivir cómodamente junto
a su socio Cristóbal. Sin embargo, siente que desperdicia su talento. Lo que
realmente quiere escribir es una obra de teatro titulada “Bukowski y Capote en
el infierno”. Sólo el título ya revela sus aspiraciones: no quiere entretener;
quiere dejar una huella. Aspira a la literatura con mayúsculas. Pero está
bloqueado. Y el bloqueo creativo coincide exactamente con el derrumbe de su
matrimonio.
Su esposa, María, le ha pedido una
separación de dos meses. Poco después descubre que mantiene una relación con
Jorge. Y Jorge no es un hombre cualquiera. Es poeta.
La trama construye un contraste muy
inteligente. Carlos representa al escritor profesional, disciplinado,
domesticado por el mercado editorial y audiovisual. Jorge encarna el viejo mito
del poeta: brillante, bohemio, seductor, aparentemente libre. Es capaz de fascinar
con sus palabras y de despertar en María una intensidad que Carlos cree haber
perdido.
Curiosamente, ambos viven de escribir.
Uno fabrica historias para que millones de
personas sonrían.
El otro fabrica versos para que unas pocas
personas crean que son únicas.
Los dos inventan ficciones. Pero sólo uno
termina creyéndose la suya. Porque Jorge no es un poeta maldito. Es un
narcisista con talento para el lenguaje.
La película desmonta un estereotipo muy
antiguo: el del artista cuya sensibilidad justificaría cualquier egoísmo. María
cae seducida por esa imagen del poeta apasionado. Irene también había caído
antes. Las dos aman menos al hombre que al personaje que él interpreta.
Y entonces la película formula una pregunta
incómoda: ¿Nos enamoramos de las personas o del relato que construyen sobre sí
mismas?
Los escritores conocemos bien ese peligro. No
sólo escribimos historias. También escribimos personajes llamados
"nosotros".
Seleccionamos qué mostrar, qué ocultar, qué
exagerar. Construimos una identidad con citas, libros favoritos, discos,
fotografías, silencios cuidadosamente elegidos. A veces terminamos habitando
esa versión literaria de nosotros mismos.
Jorge vive dentro de ese personaje. Carlos,
en cambio, vive atrapado en otro. El del escritor que siente vergüenza de
aquello que escribe para ganarse la vida. Su tragedia no consiste únicamente en
que María lo haya engañado. Consiste en creer que ha traicionado al escritor
que soñó ser. Quizá por eso resulta tan significativo que la película no
resuelva primero el conflicto amoroso, sino el creativo.
Cuando Carlos empieza a desprenderse de
María, también recupera la escritura. Vuelve a trabajar en “Bukowski y Capote
en el infierno”. No porque Irene aparezca como una musa inspiradora, sino
porque deja de vivir una mentira.
La inspiración no regresa cuando encuentra
un nuevo amor. Regresa cuando recupera la honestidad. En ese sentido, “Nuestros
amantes” habla mucho menos del romance que de la autenticidad.
Incluso Irene, que podría haber sido la
clásica “manic pixie dream girl” —esa mujer excéntrica creada por el cine para
rescatar emocionalmente a un hombre gris— termina escapando del estereotipo.
Ella también está rota. También idealizó a Jorge. También necesita dejar de
enamorarse de una ficción.
Uno de los diálogos más duros resume toda
la película.
—¿Por qué nos dejan?
—Porque creen que merecen algo mejor.
Es una frase incómoda porque desarma todas
las explicaciones románticas. Preferimos pensar que las relaciones terminan
porque el amor se acaba, porque las personas cambian o porque los caminos se
separan. Carlos propone algo mucho más cruel: quien se va suele imaginar que
existe una felicidad superior esperándolo en otra parte. Y las segundas
oportunidades tampoco son necesariamente un triunfo del amor. A veces sólo
significan que la aventura no salió como se esperaba. Que el supuesto milagro
era un espejismo.
Sin embargo, la película no termina siendo
pesimista. Todo lo contrario. Sugiere que el verdadero milagro no consiste en
recuperar a quien se fue, sino en dejar de perseguir personajes imaginarios
para empezar a querer personas reales.
La última escena vuelve a la cafetería
donde comenzó el juego. Pero ya no son dos desconocidos intentando inventarse. Ahora
son dos personas que han sobrevivido al derrumbe de sus propias ficciones. Carlos
ya no necesita parecer un gran escritor. Irene ya no necesita enamorarse de un
poeta. Y quizá esa sea la idea más hermosa de Nuestros amantes.
Que el amor empieza exactamente cuando
dejamos de escribir novelas sobre el otro y aceptamos leer, por fin, a la
persona que tenemos delante.
Dialogo textual del film:
Escena: Hombre sentado solo en una mesa
dentro de una cafetería… se acerca una mujer y se sienta en su mesa
inesperadamente…
Ella: Que tal.
El: Nos conocemos?
Ella: no, pero me gustaría, el nombre del
chupito de brandy me ha parecido prometedor
El: vale.. vamos aksdg…
Ella: no no no no me digas, que no quiero
saber como te llamas
El: y eso?
Ella: porque no quiero llamarte como te
llaman los demás
El: porque?
Ella: porque te quiero poner un nombre que
signifique algo para mi, uno que sólo conozca yo y que sólo use yo. Y tu harás
lo mismo conmigo,
El: ¿Buscar tu nombre?
Ella: si, pero no ahora, cuando nos
conozcamos mejor. jaja ¿crees que estoy loca?
El: ¿estas loca?
Ella: Quizás… jajaja Que mas da.
(apunto de levantarse de la mesa) El:
Encantado de conocerte, te llames como te llames
Ella: no no, dos veces no.
El: Claro que no, como se me ocurre… (se
vuelve a sentar)
Ella: Es que no me gusta besar por besar…
¿Alguna pregunta?
El: si, pero te van a decepcionar. Son poco
tópicas
Ella: eso es halagador
El: hacer preguntas tópicas?
Ella: No… sino que acabemos de conocernos y
te preocupes decepcionarme
El: La primera pregunta es tan obvia que…
casi prefiero que te la hagas tu misma
Ella: ¿y si lo que me pregunto no es lo
mismo que ibas a preguntarme tu?
El: Seguro que si ya veras
Ella: vale, pero la respondes tu
El: trato echo, pero ¿nos damos la mano?
Ella: si, porque significa algo… ¿hago esto
a menudo?
El: A veces… cuando vez a alguien
interesante
Ella: y tu… porque te he entrado a ti…
El: porque me consideras alguien
interesante… no se porque razón.
Ella: ¿porque razón?
El: Eso contestalo tu
Ella: ¿te gustan los parques?
El: No voy mucho, pero si
Ella: me encanta ir a los parques y ver a
los niños jugar y de pronto un niño se acerca a otro sin conocerse de nada y
simplemente le dice… ¿jugamos? y se ponen a jugar… no se cuando te vi pensé que
querrías jugar conmigo….. ¿jugamos?
El: Vale…
Ella: genial
El: ¿a que jugamos?
Ella: eso es lo que nos diferencia de los
niños… ellos siempre quieren saber a que están jugando. pero tu y yo vamos a
descubrirlo mientras jugamos
El: ¿cuanto va a durar el juego?
Ella: Hasta que nos aburramos
El:. ¿hay reglas?
Ella: si, hay reglas. no quiero que
averigües nada sobre mi. no quiero que sepas quien soy, así que nada de
internet y nada de teléfonos.
El: pero… se supone que la idea es que… nos
vamos a volver a ver
Ella: es la idea
El: Y entonces… ¿como quedaremos?
Ella: como venimos hablando!!! tal día, tal
hora, tal sitio… es un método que lleva funcionando siglos, no tiene porque
fallar ahora.
El: no, no tiene porque…. Algo mas?
Ella: si… te gusta ir poco a poco… a mi no…
no quiero perder el tiempo, no quiero rodeos ni silencios incomodos… así que si
te pregunto algo me respondes en el acto.
El: y…. si no me da la gana
Ella: mienteme… mentir es mucho mas
creativo y mucho mas divertido que decir la verdad… yo confío mucho en la
mentira… como dijo alguien… la mentira siempre dice la verdad.
El: ¿Quien dijo eso?
Ella: Yo… hace dos segundos
El: muy bien, te mentire… alguna norma mas?
Ella: si… la mas importante… pase lo que
pase… no te enamores de mi
El: ¿es peligroso?
Ella: si, mucho
El: ¿para mi o para ti?
Ella: me tengo que ir… entonces, hoy es
lunes, dentro de una semana nos vemos aquí… mas o menos a esta misma hora
El: perfecto
Ella: nos lo vamos a pasar bien tu y yo
Diálogo de la película Nuestros amantes
Nuestros amantes. (España 2016)
Dirección Miguel Ángel Lamata
Protagonistas Michelle Jenner
Eduardo Noriega
Amaia Salamanca
Fele Martínez
Gabino Diego

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