Cada palabra publicada en este blog nació de la escritura de José Luis Colombini. Estas crónicas, ensayos, poemas y reflexiones forman parte de su obra intelectual y están protegidos por los derechos de autor. Si algún texto te conmueve, podés compartirlo, siempre citando la fuente y respetando la autoría. Gracias por valorar el trabajo creativo y la escritura independiente.

INSTRUCCIONES PARA NAVEGAR POR CRONICAS DEL DESVELO

Bienvenido. Este blog llamado Crónicas del desvelo (https://elgatodelespejo.blogspot.com/) contiene muchos más materiales de los que aparecen en la pantalla inicial. Al ingresar, verá las siete publicaciones más recientes. Cuando llegue al final de la página, encontrará la opción “ENTRADAS ANTIGUAS”. Al hacer clic allí accederá a cinco publicaciones anteriores. Puede repetir este procedimiento sucesivamente hasta llegar a los primeros textos publicados en el blog. En la barra lateral izquierda encontrará el menú “Habitaciones conectadas” (Etiquetas), donde están organizadas las distintas categorías. Si desea leer poemas o textos de una categoría o etiqueta determinada, simplemente haga clic sobre ella. Se abrirán todas las publicaciones relacionadas con esa etiqueta. Si no aparecen todas en una sola página, al final encontrará nuevamente las opciones “ENTRADAS MÁS RECIENTES”, “PÁGINA PRINCIPAL” y “ENTRADAS ANTIGUAS”. Haciendo clic en “ENTRADAS ANTIGUAS” podrá seguir explorando más contenidos vinculados a ese tema. También dispone de un “BUSCADOR”. Allí puede escribir el nombre de un tema, un texto, un verso o una crónica. El blog le mostrará todas las publicaciones relacionadas con su búsqueda. Debajo del buscador encontrará el menú “Mapa de crónicas” . Allí se muestran los títulos de las publicaciones del mes en curso y un listado de meses anteriores. Al hacer clic sobre un mes podrá ver las entradas publicadas durante ese período y acceder a ellas. De esta manera podrá recorrer el blog año por año y mes por mes. Si lo desea, puede dejar sus comentarios al final de cada publicación haciendo clic en “COMENTARIOS”. Este blog se actualiza periódicamente, por lo que siempre podrá encontrar nuevos poemas, crónicas, ensayos, fotografías, videos e imágenes. Gracias por visitar Crónicas del desvelo. Que encuentre aquí alguna palabra que merezca acompañarlo un poco más allá de la pantalla.

Madre y el hombre gordo

 

Madre y el hombre gordo

 

Los diálogos con mi madre me dejaban perplejo. Nunca sabia cuando habían comenzado realmente. Creía que empezaban con una pregunta, pero en realidad venían viajando desde hace años, esperando una tarde cualquiera para encontrar una mesa, dos tazas de café y el silencio necesario.

—¿Vos matarías al hombre gordo? —me preguntó Madre.

Nunca le dije mamá. Siempre fue Madre. Tenía algo de personaje de novela rusa y algo de psicoanalista que parecía escuchar incluso cuando estaba callada. Las preguntas que hacía nunca buscaban una respuesta inmediata. Eran anzuelos. Uno contestaba cualquier cosa y terminaba pescándose a sí mismo.

—¿Qué hombre gordo?

Entonces me contó la historia.

Un tranvía fuera de control avanzaba hacia cinco personas atadas a las vías. No había tiempo. Sobre un puente había un hombre muy corpulento. Si alguien lo empujaba, su cuerpo detendría el tranvía. Él moriría. Los otros cinco vivirían.

—¿Lo empujarías?

No respondí.

Madre sonrió apenas. Sabía que el silencio también es una forma de contestar.

Me explicó que era uno de los experimentos mentales más famosos de la filosofía moral. Que los utilitaristas, desde Jeremy Bentham hasta John Stuart Mill, dirían que sacrificar a uno para salvar a cinco podía ser lo correcto. Que Immanuel Kant, en cambio, respondería que nadie puede ser usado como un instrumento, aunque el resultado parezca mejor. Que hay actos que dejan de ser humanos precisamente cuando justifican cualquier medio en nombre de un fin.

Después me contó algo que me sorprendió más.

La mayoría de las personas cambia de respuesta cuando el dilema es distinto. Si en lugar de empujar a un hombre solo hay que mover una palanca para desviar el tranvía y sacrificar a una persona, muchos aceptan hacerlo. Pero cuando las propias manos tienen que empujar un cuerpo, casi todos retroceden.

La razón calcula. El cuerpo recuerda que matar tiene peso.

Años después leí investigaciones del psicólogo Joshua Greene. Descubrió que, frente al hombre gordo, el cerebro emocional se enciende con una intensidad distinta. Como si hubiera una frontera invisible entre provocar una muerte con un gesto mecánico y sentir el contacto de otro ser humano cayendo por nuestra decisión.

Pero aquella tarde yo todavía no había leído nada de eso.

Solo miraba a Madre. Ella no hablaba del tranvía. Hablaba de la vida.

Porque todos creemos que nuestras decisiones importantes llegan anunciadas con sirenas, rieles y grandes tragedias. La verdad es bastante más modesta. Elegimos todos los días a quién decepcionamos, qué silencio sostenemos, qué palabra decimos demasiado tarde, qué amor dejamos ir, qué miedo alimentamos. Nadie muere sobre unas vías, pero siempre hay algo que queda atrás.

Con los años entendí que Madre nunca quiso saber qué haría yo con el hombre gordo.

Quería saber si había comprendido que toda elección tiene un costo. Que incluso cuando creemos haber salvado a todos, alguien paga un precio. A veces otro. A veces nosotros mismos.

Todavía hoy no sé qué responder.

No sé si empujaría al hombre.

No sé si movería la palanca.

Solo sé que desde aquella conversación desconfío de cualquiera que responda demasiado rápido. Hay preguntas que no fueron hechas para encontrar una solución, sino para recordarnos que la condición humana empieza exactamente dónde termina la comodidad de las certezas.

Y cada vez que alguien afirma saber con absoluta seguridad qué es lo correcto, vuelvo a escuchar la voz de Madre, tranquila, casi divertida:

—Pensalo un poco más.

Era su manera de enseñarme que las mejores respuestas casi siempre llegan después de haber aprendido a convivir con la duda.


No hay comentarios:

Publicar un comentario


"Los lectores de Crónicas"

Flag Counter