Cada palabra publicada en este blog nació de la escritura de José Luis Colombini. Estas crónicas, ensayos, poemas y reflexiones forman parte de su obra intelectual y están protegidos por los derechos de autor. Si algún texto te conmueve, podés compartirlo, siempre citando la fuente y respetando la autoría. Gracias por valorar el trabajo creativo y la escritura independiente.

INSTRUCCIONES PARA NAVEGAR POR CRONICAS DEL DESVELO

Bienvenido. Este blog llamado Crónicas del desvelo (https://elgatodelespejo.blogspot.com/) contiene muchos más materiales de los que aparecen en la pantalla inicial. Al ingresar, verá las siete publicaciones más recientes. Cuando llegue al final de la página, encontrará la opción “ENTRADAS ANTIGUAS”. Al hacer clic allí accederá a cinco publicaciones anteriores. Puede repetir este procedimiento sucesivamente hasta llegar a los primeros textos publicados en el blog. En la barra lateral izquierda encontrará el menú “Habitaciones conectadas” (Etiquetas), donde están organizadas las distintas categorías. Si desea leer poemas o textos de una categoría o etiqueta determinada, simplemente haga clic sobre ella. Se abrirán todas las publicaciones relacionadas con esa etiqueta. Si no aparecen todas en una sola página, al final encontrará nuevamente las opciones “ENTRADAS MÁS RECIENTES”, “PÁGINA PRINCIPAL” y “ENTRADAS ANTIGUAS”. Haciendo clic en “ENTRADAS ANTIGUAS” podrá seguir explorando más contenidos vinculados a ese tema. También dispone de un “BUSCADOR”. Allí puede escribir el nombre de un tema, un texto, un verso o una crónica. El blog le mostrará todas las publicaciones relacionadas con su búsqueda. Debajo del buscador encontrará el menú “Mapa de crónicas” . Allí se muestran los títulos de las publicaciones del mes en curso y un listado de meses anteriores. Al hacer clic sobre un mes podrá ver las entradas publicadas durante ese período y acceder a ellas. De esta manera podrá recorrer el blog año por año y mes por mes. Si lo desea, puede dejar sus comentarios al final de cada publicación haciendo clic en “COMENTARIOS”. Este blog se actualiza periódicamente, por lo que siempre podrá encontrar nuevos poemas, crónicas, ensayos, fotografías, videos e imágenes. Gracias por visitar Crónicas del desvelo. Que encuentre aquí alguna palabra que merezca acompañarlo un poco más allá de la pantalla.

Volver a conversar con Odiseo


Volver a conversar con Odiseo

 

Anoche fui al cine. No iba solamente a ver la nueva película de Christopher Nolan. Iba a reencontrarme con un viejo amigo que me acompaña desde hace casi cincuenta años.

Disfruté la película. Mucho.

Sí, Nolan se toma algunas licencias. Algunos personajes aparecen con otro peso, ciertos episodios cambian de lugar y algunos hechos responden más al lenguaje del cine que al poema de Homero. Pero sería un error pedirle una adaptación literal. “La Odisea” nunca fue un texto inmóvil. Antes de convertirse en libro fue un relato oral. Durante siglos los aedos recorrieron las ciudades griegas cantando las hazañas de Odiseo. Cada uno agregaba matices, modificaba detalles, hacía suya la historia. Nolan, en definitiva, no hace otra cosa que ocupar el lugar de uno de esos antiguos narradores.

Los clásicos sobreviven porque aceptan ser contados una y otra vez.

Mientras miraba la película regresé, inevitablemente, a mi infancia. Tenía diez años cuando leí por primera vez “La Ilíada” y “La Odisea”. No fueron ediciones académicas ni lujosas. Eran aquellos inolvidables libros de tapa dura de la colección Billiken, adaptados para chicos. En la misma biblioteca convivían “Don Quijote de la Mancha”, Julio Verne, Dickens y, entre todos ellos, Homero.

Sin saberlo, estaba entrando en una conversación que me acompañaría toda la vida.

Recuerdo una de mis primeras grandes desilusiones como lector. Yo me había fanatizado con Héctor. Veía en él al hombre que defendía su ciudad, a su esposa Andrómaca, a su pequeño hijo Astianacte y a un pueblo que ya sabía condenado. Cuando llegó el duelo final estaba convencido de que debía sobrevivir. Pero Homero decidió otra cosa. Aquiles lo mata.

Todavía puedo recordar mi enojo. Insultaba a Aquiles y a aquellos aqueos de hermosas grebas. Con la lógica apasionada de un chico me parecía injusto. Pensaba que Aquiles, protegido por los dioses y destinado a una gloria inmortal, tenía demasiadas ventajas frente a un hombre que sabía perfectamente que podía morir.

Hoy sé que Homero construía otra tragedia.

Aquiles representa el heroísmo de la fuerza, del coraje absoluto, de quien acepta una vida breve a cambio de una fama eterna.

Héctor representa algo diferente. Es el héroe que conoce el miedo y, aun así, sale a combatir. Quizá por eso, incluso siendo un niño, me sentí más cerca de él. Y con el paso de los años descubrí que también me sentía profundamente cerca de Odiseo.

Porque Odiseo inaugura otra forma de heroísmo.

No es el más fuerte. No es el más veloz. No es el guerrero invencible. Su verdadera arma es la inteligencia.

Donde Aquiles resuelve con la espada, Odiseo resuelve con el ingenio. Donde otros avanzan por la fuerza, él observa, espera, calcula. El caballo de Troya no nace del músculo, sino de la imaginación. En un mundo lleno de guerreros, Odiseo demuestra que pensar también puede ser un acto de valentía.

Tal vez por eso siempre preferí “La Odisea”. Porque, si “La Ilíada” habla de cómo ganar una guerra, “La Odisea” habla de algo mucho más difícil: cómo volver a vivir después de ella.

Christopher Nolan parece haber comprendido esa diferencia.

Los cíclopes, las sirenas, Circe, Calipso o Escila son inolvidables, pero nunca fueron el verdadero centro del poema.

Los monstruos están afuera. El viaje ocurre por dentro.

Y hay otra escena que siempre esperé ver en el cine.

La del descenso al Hades.

Allí Odiseo busca al viejo Tiresias para preguntarle cómo regresar a Ítaca. No consulta a un dios guerrero ni a un rey. Busca a un anciano ciego, porque en la tradición griega la verdadera visión muchas veces comienza cuando los ojos dejan de ver el mundo.

Tiresias siempre fue uno de mis personajes preferidos.

Mucho antes de leerlo en Homero, mi madre me había contado quién era aquel adivino que había perdido la vista al sorprender desnuda a Atenea mientras se bañaba. Los dioses no podían devolverle los ojos, pero le regalaron otro modo de mirar: el don de conocer aquello que los demás ignoraban.

Quizá por eso me gusta insistir en llamarlo Odiseo y no Ulises. No es una cuestión de pedantería. Ulises pertenece a la tradición latina. Odiseo pertenece al mundo de Homero, al de Tiresias, Atenea, Ítaca y los viejos aedos que iban de ciudad en ciudad cantando estas historias mucho antes de que existieran los libros.

Los nombres también conservan la memoria de las civilizaciones.

La gran pregunta de “La Odisea” no es cómo regresar a Ítaca. La verdadera pregunta es quién regresa. Porque nadie atraviesa veinte años de guerra, pérdidas, tentaciones y naufragios sin convertirse en otra persona.

Mientras salía del cine pensé que, en realidad, no acababa de ver una película.

Acababa de volver a conversar con un personaje que conocí siendo un chico de diez años gracias a aquellos viejos libros de Billiken. Comprendí, una vez más, que los clásicos nunca envejecen. Simplemente esperan.

Esperan que un lector vuelva a abrir sus páginas o que un director de cine decida contarlos otra vez. Y entonces Odiseo vuelve a zarpar. No desde las costas de Ítaca.

Sino desde ese lugar secreto donde viven las historias que ya forman parte de nuestra propia vida.

Y ya en casa reflexionando mientras tomaba un wiski recapacité que Nolan había filmado una gran aventura. Pero la verdadera aventura había comenzado mucho antes, cuando un chico de diez años abrió una edición de Billiken de La Ilíada y La Odisea, discutió con Homero por la muerte de Héctor y escuchó a su madre contarle quién era Tiresias. Desde entonces, cada vez que vuelvo a esos poemas, no siento que esté releyendo un clásico. Siento que estoy regresando a una conversación que nunca terminó. 


 

No hay comentarios:

Publicar un comentario


"Los lectores de Crónicas"

Flag Counter