Tanto escribir tragedias para morir trágicamente.
Esquilo murió en el año 456 a. C., en Gela, Sicilia.
Estaba sentado tranquilamente en una colina cuando un quebrantahuesos —una
especie de buitre— dejó caer desde las alturas una tortuga que llevaba entre
las garras. El ave, confundiendo la cabeza calva del dramaturgo con una piedra,
intentaba romper contra ella el caparazón del animal.
La tortuga cayó sobre Esquilo. Y lo mató.
Hay algo de justicia poética, aunque bastante cruel, en
que uno de los padres de la tragedia griega terminara protagonizando una escena
que difícilmente se habría animado a escribir.
Pero la historia tiene una vuelta todavía mejor.
Poco antes de morir, el oráculo le había anunciado que
moriría aplastado por una casa.
Esquilo, hombre prudente o simplemente alguien que
prefería no tentar demasiado a los dioses, tomó sus recaudos. Se marchó de la
ciudad y se fue a vivir a las colinas. Si el destino pensaba matarlo bajo una
casa, no iba a encontrarlo fácilmente.
Y efectivamente no lo encontró. Lo encontró un buitre.
Hay algo profundamente humano en esta historia. Creemos
que podemos negociar con el destino. Cambiamos de casa, de ciudad, de trabajo,
de pareja, de hábitos. Nos mudamos buscando otra vida. A veces incluso creemos
que hemos conseguido escapar.
Pero quizá el destino no sea una casa. Quizá sea la
tortuga.
Lo extraordinario de Esquilo no es solamente que haya
muerto de una manera absurda. Es que hizo todo lo posible para evitar aquello
que le habían anunciado y, sin embargo, terminó muriendo por algo que nadie
habría podido imaginar.
Tal vez esa sea una de las grandes paradojas de la
existencia: pasamos buena parte de la vida tratando de evitar aquello que
tememos, sin advertir que mientras tanto pueden estar cayendo tortugas desde el
cielo.
Esquilo escribió tragedias durante toda su vida.
El destino, que evidentemente tenía sentido del humor,
decidió escribirle la última.
Quizá el oráculo no se había equivocado. Esquilo moriría
aplastado por una casa.
Solo que nadie había dicho que la casa tendría que ser
grande.
La casa era una tortuga. Y cayó del cielo.

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