INSTRUCCIONES PARA NAVEGAR POR CRONICAS DEL DESVELO

Bienvenido. Este blog llamado Crónicas del desvelo (https://elgatodelespejo.blogspot.com/) contiene muchos más materiales de los que aparecen en la pantalla inicial. Al ingresar, verá las siete publicaciones más recientes. Cuando llegue al final de la página, encontrará la opción “ENTRADAS ANTIGUAS”. Al hacer clic allí accederá a cinco publicaciones anteriores. Puede repetir este procedimiento sucesivamente hasta llegar a los primeros textos publicados en el blog. En la barra lateral izquierda encontrará el menú “Habitaciones conectadas” (Etiquetas), donde están organizadas las distintas categorías. Si desea leer poemas o textos de una categoría o etiqueta determinada, simplemente haga clic sobre ella. Se abrirán todas las publicaciones relacionadas con esa etiqueta. Si no aparecen todas en una sola página, al final encontrará nuevamente las opciones “ENTRADAS MÁS RECIENTES”, “PÁGINA PRINCIPAL” y “ENTRADAS ANTIGUAS”. Haciendo clic en “ENTRADAS ANTIGUAS” podrá seguir explorando más contenidos vinculados a ese tema. También dispone de un “BUSCADOR”. Allí puede escribir el nombre de un tema, un texto, un verso o una crónica. El blog le mostrará todas las publicaciones relacionadas con su búsqueda. Debajo del buscador encontrará el menú “Mapa de crónicas” . Allí se muestran los títulos de las publicaciones del mes en curso y un listado de meses anteriores. Al hacer clic sobre un mes podrá ver las entradas publicadas durante ese período y acceder a ellas. De esta manera podrá recorrer el blog año por año y mes por mes. Si lo desea, puede dejar sus comentarios al final de cada publicación haciendo clic en “COMENTARIOS”. Este blog se actualiza periódicamente, por lo que siempre podrá encontrar nuevos poemas, crónicas, ensayos, fotografías, videos e imágenes. Gracias por visitar Crónicas del desvelo. Que encuentre aquí alguna palabra que merezca acompañarlo un poco más allá de la pantalla.

Hoy me embarga la tristeza


 Hoy me embarga la tristeza

 

Hace cuarenta años, un sábado 14 de junio de 1986, moría Jorge Luis Borges. Yo estaba saliendo del secundario cuando me enteré. Recuerdo que no pude contener las lágrimas. Sentí una orfandad difícil de explicar, como si de pronto el mundo hubiera perdido una de sus luces más intensas.

Anoche casi no dormí. Me desvelé recordándolo, sintiéndolo cerca a través de sus libros. Volví a leer algunas páginas, a escuchar viejas entrevistas, a repasar anécdotas y escenas que el tiempo no ha logrado borrar. Durante horas regresé a esa voz inconfundible, pausada y precisa, capaz de convertir una conversación cotidiana en una lección de literatura, de filosofía o de humor.

Para muchos era un gran escritor. Para mí era algo más. Era mi héroe de la inteligencia, de la imaginación y de la palabra. Mi héroe de fuerza, aunque su fuerza no proviniera de los músculos sino de una lucidez capaz de desafiar al tiempo, a la muerte y al olvido. Era también mi hierofante, el que revelaba misterios ocultos detrás de los libros, los espejos, los tigres y los laberintos.

Borges fue, además, un maestro de la ironía fina. Nadie manejó como él ese arte de decir las cosas con elegancia, inteligencia y una leve sonrisa apenas insinuada. Admiré siempre su extraordinaria capacidad para encontrar el adjetivo justo, esa precisión que parecía natural pero que escondía una sensibilidad y una cultura inmensas. En sus textos no sobraba una palabra; cada una ocupaba el lugar exacto que le correspondía.

Mientras el país vivía la euforia del Mundial de México y esperaba los octavos de final que jugaría la Selección dos días después, yo sentía que algo irremplazable se había ido para siempre. La muerte de Borges no me parecía una noticia cultural; la viví como una pérdida personal.

Cuarenta años después sigo regresando a sus páginas. Y comprendo que aquella sensación de orfandad era, en el fondo, la prueba más clara de la gratitud. Porque algunos escritores no solo nos acompañan: nos ayudan a pensar, a mirar y a entender el mundo. Y cuando mueren, una parte de nosotros siente que ha perdido a un maestro.

Sin embargo, Borges sigue ahí. En cada biblioteca, en cada verso recordado de memoria, en cada lector que abre uno de sus libros por primera vez. Tal vez por eso la tristeza de hoy no sea solamente tristeza. También es una forma de homenaje.

 

 Jose Luis Colombini

 

 

 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario


"Los lectores de Crónicas"

Flag Counter