Crónicas del Desvelo. Los restos de la noche. Literatura, periodismo gonzo, poesía, ensayos y observaciones de José Luis Colombini.

Hay noches en las que los libros permanecen abiertos sobre la mesa, el whisky pierde lentamente el frío y las fotografías dejan de ser recuerdos para convertirse en interrogantes. Es en ese territorio incierto, donde la ciudad duerme y la memoria insiste en permanecer despierta, donde nacen estas crónicas. Crónicas del Desvelo no pretende ofrecer respuestas. Es un refugio para quienes encuentran en la literatura, el rock, el cine, la filosofía y la memoria una forma de habitar el mundo. Aquí conviven Borges y Baudelaire con Robert Smith y Bowie; Schopenhauer conversa con Camus mientras una película española, una novela olvidada o una canción de post-punk iluminan, aunque sea por un instante, la oscuridad de la madrugada. Escribo desde Traslasierra, pero también desde los bares de la memoria, las bibliotecas de la adolescencia, los discos gastados, las calles recorridas y las pérdidas que todavía siguen haciendo preguntas. Cada texto es una mezcla de ensayo, autobiografía y periodismo gonzo; una manera de entender que el autor no observa la realidad desde afuera, sino que inevitablemente forma parte de ella. Porque escribir, al final, no consiste en contar una historia. Consiste en descubrir qué historia nos está contando a nosotros. “Esto no es contenido. Es insomnio grabado.”
Cada palabra publicada en este blog nació de la escritura de José Luis Colombini. Estas crónicas, ensayos, poemas y reflexiones forman parte de su obra intelectual y están protegidos por los derechos de autor. Si algún texto te conmueve, podés compartirlo, siempre citando la fuente y respetando la autoría. Gracias por valorar el trabajo creativo y la escritura independiente.

La noche de San Juan



 

La noche de San Juan

 

Hay tradiciones que sobreviven porque hablan un lenguaje más antiguo que las palabras. Desde hace muchos años, cada 23 de junio repito un pequeño ritual. Mientras las hogueras iluminan la noche y una copa de vino color rubí acompaña el momento, corto tres papelitos. En cada uno escribo un defecto, una sombra, un hábito que quisiera dejar atrás. Luego los arrojo al fuego.

No creo que las llamas tengan poderes mágicos. Creo en algo más difícil: la voluntad de cambiar.

El fuego no destruye los defectos. Apenas los señala. Los vuelve visibles. El verdadero trabajo comienza al día siguiente, cuando la ceniza ya se enfrió y quedan por delante doce meses para enfrentar aquello que uno decidió quemar.

La Noche de San Juan es una de esas celebraciones donde se mezclan la historia, la religión y el mito. Para algunos es el nacimiento de San Juan Bautista. Para otros, una antigua fiesta solar heredada de tiempos remotos. En cualquier caso, el fuego sigue siendo el protagonista: símbolo de purificación, de renacimiento y de luz frente a la oscuridad.

Quizás por eso esta tradición sigue teniendo sentido. Porque todos llevamos dentro algo que necesita arder para dejar espacio a algo nuevo. El orgullo que nos aísla. El miedo que nos paraliza. El resentimiento que nos encadena. Cada uno conoce sus propios nombres.

Esta noche volveré a escribir tres palabras en tres pequeños papeles. Las veré convertirse en ceniza y levantar vuelo entre las chispas. Y mientras el vino acompañe la ceremonia, recordaré que el cambio verdadero no ocurre en el fuego de una noche, sino en la paciencia de todo un año.

Feliz Noche de San Juan. Que las llamas iluminen aquello que merece permanecer y consuman aquello que ya es tiempo de dejar atrás.


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