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Mi padre, todos los días. La memoria no necesita efemérides


 Mi padre, todos los días. La memoria no necesita efemérides

Hoy es el Día del Padre.

 

Las redes se llenan de saludos, promociones, descuentos y frases prefabricadas. No tengo nada contra quienes celebran la fecha. Pero hace tiempo que entendí que la memoria no obedece al calendario ni a las estrategias comerciales.

Mi padre no fue solamente mi padre. Fue un hombre de una generación atravesada por la militancia, el exilio, las distancias y las decisiones difíciles. Por eso hubo abrazos, pero también ausencias. Hubo encuentros, pero también tardes que no compartimos.

Hace años le escribí un poema llamado “Ausencia”. Lo escribí desde la herida de un hijo. Con el tiempo aprendí a leer esa historia de otra manera. Sin dejar de extrañar lo que faltó, pero entendiendo mejor al hombre que fue.

No lo recuerdo hoy porque una fecha me lo imponga. Lo recuerdo cada día. En una fotografía amarillenta. En una conversación. En un verso que vuelve sin avisar. En los rasgos que el espejo todavía me devuelve.

Y, ya que la fecha existe, quiero saludar a quienes ejercen la paternidad más allá de los vínculos biológicos. Porque padre no es solamente quien engendra. Padre es quien se hace cargo. Quien acompaña. Quien educa. Quien enseña. Quien pone límites cuando hace falta y tiende una mano cuando el mundo se vuelve demasiado difícil.

Feliz día a todos aquellos que eligieron estar presentes en la vida de alguien y asumir esa responsabilidad con amor.

La memoria verdadera no necesita efemérides.

Habita silenciosamente los días.

 

 

 

Ausencia

                                                  A mi Padre

 

Acaso tú ausencia sea una mirada

que muerde y araña por dentro

mientras nos desgranamos

entre la incansable

y angelical luz de la noche.

 

Acaso tú presencia tenga ojos,

trague miradas,

gritos cortando como una vieja

y dentada hoz la oscuridad.

Amaneceres arrancándole

alaridos a las sombras.

 

Acaso las sombras son fantasmas

que pasean junto a los lamentos

de las horas crueles.

Y las horas rugidos trémulos

mutilando voces.

 

Tú ausencia es el analgésico

en días sin memoria

donde olvido la niñez

y las tardes que no pasamos juntos.

Tú ausencia un disparo a mis recuerdos

que desangra nuestro abrazo vacío.

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