“Medianoche en París” (2011), escrita y dirigida por Woody Allen, es mucho más que una comedia fantástica ambientada en la ciudad más mitificada del mundo. La película funciona como una reflexión melancólica sobre la nostalgia, el deseo de escapar del presente y la tendencia humana a idealizar épocas pasadas.
La historia sigue a Gil Pender, interpretado por Owen
Wilson, un guionista hollywoodense frustrado que sueña con convertirse en
novelista serio. Durante unas vacaciones en París junto a su prometida Inez
—encarnada por Rachel McAdams— y los adinerados padres de ella, Gil comienza a
sentirse cada vez más incómodo con la superficialidad de su relación y con la
vida pragmática y materialista que lo rodea. Mientras él imagina una existencia
bohemia vinculada al arte y la literatura, Inez desestima sus fantasías como
simples caprichos románticos.
París aparece ante Gil como una ciudad encantada por los
fantasmas culturales del pasado. Fascinado por la llamada “Generación Perdida”
de los años veinte, vaga por las calles soñando con escritores y artistas que
admira profundamente. Todo cambia una noche, cuando, después de separarse de
Inez tras una cena y varias copas de vino, se pierde por las calles parisinas
y, exactamente a medianoche, un automóvil antiguo se detiene frente a él. Sin
comprender demasiado lo que ocurre, Gil sube al vehículo y es transportado
mágicamente al París de los años veinte.
Allí conoce a figuras legendarias de la cultura moderna:
Ernest Hemingway, Gertrude Stein, F. Scott Fitzgerald, Zelda Fitzgerald, Pablo
Picasso, Salvador Dalí, Luis Buñuel y muchos otros artistas e intelectuales que
encarnan el imaginario bohemio europeo. Gil queda deslumbrado por ese universo
nocturno donde el arte parece respirarse en cada conversación, en cada café y
en cada copa de champagne.
Entre todos esos encuentros surge Adriana, una diseñadora
de vestuario vinculada sentimentalmente con Picasso y otros artistas de la
época. Gil se enamora de ella porque representa exactamente aquello que él cree
haber perdido: sensibilidad, pasión artística y una forma de vida aparentemente
más auténtica. Sin embargo, a medida que se acerca a Adriana, descubre algo
fundamental: incluso quienes vivieron en aquella época soñaban con otro pasado
todavía más idealizado. Cuando ambos viajan aún más atrás en el tiempo, hasta
la Belle Époque, artistas como Henri de Toulouse-Lautrec, Paul Gauguin y Edgar
Degas aseguran que la verdadera Edad de Oro había sido el Renacimiento.
Es entonces cuando Gil comprende el núcleo emocional de
la película: la nostalgia puede convertirse en una trampa. Cada generación
imagina que el verdadero esplendor ocurrió antes, en un tiempo inaccesible
donde todo parecía más puro, más intenso o más verdadero. Pero esa idealización
constante impide habitar el presente. El pasado deja de ser memoria y se
transforma en refugio.
Mientras tanto, en el presente, la relación entre Gil e
Inez termina resquebrajándose por completo. Él descubre que ella mantiene una
aventura con Paul, un pedante amigo universitario obsesionado con exhibir
conocimientos superficiales sobre cultura e historia francesa. La revelación
funciona como una liberación: Gil comprende que su vida anterior estaba
sostenida por una ficción tan artificial como la nostalgia que perseguía cada
medianoche.
Finalmente decide quedarse en París, ya no para vivir
atrapado en el pasado, sino para construir una vida propia en el presente. La
película concluye con un tono íntimo y sereno cuando Gil se encuentra con
Gabrielle, una joven anticuaria amante de los libros y de la lluvia parisina.
Caminando junto al Sena bajo la lluvia de medianoche, ambos parecen compartir
algo esencial: la posibilidad de disfrutar el instante sin convertirlo
inmediatamente en recuerdo idealizado.
“Medianoche en París” es, en el fondo, una carta de amor a la literatura, al cine, al arte y a la ciudad de París, pero también una reflexión amarga sobre el desencanto contemporáneo. Woody Allen utiliza el viaje temporal no como un artificio espectacular, sino como una excusa filosófica para preguntarse por qué los seres humanos siempre sienten que llegaron tarde a la verdadera vida.
Jose Luis Colombini


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