El aura se farmea
Walter Benjamin habló del aura en 1936. Para él, una obra
de arte tenía algo único, irrepetible, ligado a su presencia y a ese misterioso
«aquí y ahora». La reproducción masiva venía a poner todo eso en peligro:
cuanto más se reproducía una imagen, menos aura le quedaba.
Casi un siglo después, Internet decidió hacer exactamente
lo contrario. Ahora el aura se farmea.
Mi hija acaba de publicar algo sobre el aura de Benjamin
y, como si el algoritmo hubiera decidido completar la clase de filosofía por su
cuenta, aparecieron unas fotos suyas de 2009. Fotos de otra época, de cuando
todavía había floggers, Fotolog y una manera de posar frente a una cámara que
hoy parece pertenecer a una civilización desaparecida. Una de esas fotos lleva
una definición perfecta para nuestro tiempo:
El farmeo de aura en el 2009
Y entonces Benjamin queda patas para arriba. Porque
aquella muchacha de 2009 no sabía que veinte años después alguien iba a llamar farmear
aura a eso que hacía naturalmente frente a una cámara. No estaba acumulando
puntos de aura. No estaba construyendo una identidad digital con estrategias de
engagement. No estaba pensando en la posteridad. Simplemente estaba ahí. Y
quizás ahí esté la verdadera ironía.
Benjamin decía que la reproducción técnica destruía el
aura. Internet descubrió que también podía conservarla, reciclarla y devolverla
veinte años después convertida en meme.
Una foto vieja vuelve a aparecer. Alguien la reconoce.
Alguien se ríe. Alguien la comparte. Y de pronto aquella imagen que parecía
condenada a desaparecer vuelve a tener presencia. No sé si Benjamin habría
llamado a eso aura. Pero estoy bastante seguro de que mi hija lo habría llamado
farmear aura.
Y, después de todo, quizá tenía razón desde 2009.

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