El derecho a no ser elegido
''He tratado de comprender y de aceptar que no todas
las mujeres se van a enamorar de uno. En realidad, casi ninguna. Pero, ¿por qué
digo esto? Porque es algo que los hombres suelen no aceptar con facilidad. Yo
conozco muchas personas, incluso muchas personas inteligentes, que cuando
reciben un rechazo amoroso o cuando ven que no se les da juego en algún foro se
ponen odiosos, se ofenden y buscan vengarse de algún modo. Y eso está mal, es
canallesco, uno no debe permitir que suceda''. Alejandro Dolina
Esto de Dolina me encontró una noche cualquiera. Afuera
no pasaba nada extraordinario. El perro dormía, el mate ya estaba lavado y la
biblioteca tenía esa penumbra que sólo conocen quienes leen hasta tarde.
Entonces lo escuché decir:
"He tratado de comprender y de aceptar que no todas
las mujeres se van a enamorar de uno. En realidad, casi ninguna."
Sonreí.
Pensé que venía uno de esos remates irónicos que Dolina
maneja como pocos. Pero no. Lo que siguió era mucho más importante que un
chiste. Era una lección de educación sentimental.
Con los años uno aprende muchas cosas. Aprende que el
cuerpo envejece, que los amigos también desaparecen, que los padres empiezan a
vivir más en la memoria que en la casa familiar. Pero hay una lección que
parece escapársenos siempre: aceptar que el otro tiene derecho a no elegirnos.
Suena obvio. No lo es.
Vivimos en una época que convirtió el deseo en una
especie de ingeniería. Si mejorás tu autoestima, si aprendés determinadas
técnicas, si construís una imagen atractiva, si respondés los mensajes en el
momento justo, si decís las palabras correctas... tarde o temprano alguien va a
enamorarse de vos.
Es la fantasía del algoritmo aplicada al corazón. Como si
el amor fuera una cerradura y existiera una combinación secreta.
Pero el amor nunca fue una ciencia exacta. Se parece
mucho más a esos accidentes felices que Borges llamaba destino.
Nadie sabe por qué una persona se queda y otra se va.
Nadie.
Sin embargo, conozco hombres inteligentes —y seguramente
vos también— que frente a un rechazo dejan de ser inteligentes. Se vuelven
fiscales del deseo ajeno. Si una mujer no los elige, inmediatamente buscan una
explicación que los deje a salvo: ella tiene miedo, no supo valorar, eligió
mal, volverá arrepentida. Y si ninguna de esas historias funciona, aparece el
resentimiento. La descalificación. La burla. La venganza en cuotas.
Y simplemente pasó que tal vez nuestra pareja, o la chica que nos gusta empezó a
sentir pasión por otras personas, por otras actividades o por otros mundos y
dejó de sentirla por nosotros. Es ahí donde aparece una tentación vieja como el
amor: desacreditar aquello que nos reemplaza, matar simbólicamente al amante,
burlarse de los nuevos intereses, despreciar lo que ahora ocupa el centro de la
escena.
Pero quizás la vida no consista en destruir lo que
despierta el deseo ajeno.
Quizás consista en algo mucho más difícil: seguir siendo
una opción deseable en medio de un universo lleno de personas, proyectos,
libros, viajes, conversaciones y tentaciones.
No se trata de eliminar la competencia. Se trata de
merecer la elección y que entre tantas opciones nos elijan cada día.
Entonces recuerdo otra parte de lo que dice Dolina: "Eso
está mal, es canallesco."
Me gusta esa palabra. Canalla.
Tiene el peso moral de las palabras antiguas. No habla de
torpeza. No habla de inmadurez. Habla de una falta de carácter.
Porque una cosa es sufrir. Otra muy distinta es convertir
el sufrimiento en castigo para quien simplemente ejerció su libertad.
Hay personas que no soportan escuchar un "no".
Lo viven como una humillación. Confunden amor con reconocimiento. No lloran
porque perdieron a alguien; lloran porque su orgullo recibió una herida. Y el
orgullo herido suele ser mucho más violento que el corazón roto. Quizá por eso
pienso que el verdadero examen de una persona no ocurre cuando es
correspondida. Ahí cualquiera parece generoso. El examen empieza cuando
descubre que no será elegida.
¿Qué hace entonces?
¿Se retira con tristeza pero con dignidad?
¿O empieza a destruir aquello que minutos antes decía
amar?
En esos momentos se revela el carácter.
Con los años también descubrí otra cosa. Casi todas las
historias importantes de mi vida comenzaron porque alguien dijo que sí. Pero
antes hubo decenas de personas que dijeron que no. Y si hoy pudiera volver a
verlas, no tendría nada que reclamarles.
Al contrario. Les agradecería la sinceridad. Porque los
peores vínculos no nacen del rechazo; nacen de las falsas esperanzas, de las
medias verdades, de los afectos administrados por culpa. El "no"
puede doler. La mentira destruye.
Schopenhauer escribió que la vida oscila como un péndulo
entre el dolor y el aburrimiento. Borges desconfiaba de las pasiones demasiado
ruidosas. Dolina, con esa mezcla de filosofía de barrio y literatura, agrega
una enseñanza que parece sencilla pero cuesta una vida aprender: nadie nos debe
su amor. Ni su deseo. Ni su tiempo.
El amor no es un premio a la buena conducta. No existe un
tribunal que obligue a alguien a enamorarse porque fuimos atentos, inteligentes
o leales. Si así fuera, el amor sería una transacción y no un milagro.
Tal vez por eso las historias verdaderas empiezan siempre
igual. Dos personas que podrían haberse ignorado para siempre, un día, por
razones que nadie alcanza a explicar, se eligen. Y eso ocurre tan pocas veces
que debería alcanzarnos para vivir agradecidos. Lo demás pertenece al
territorio de la libertad. Y amar a alguien implica aceptar, incluso antes del
primer beso, que esa libertad incluye la posibilidad de perder.
No hay derrota en no ser elegido.
La derrota empieza cuando dejamos de respetar el derecho
del otro a elegir.

Tan lúcido tu comentario. El desafío, agrego, es recordar quiénes fuimos con esa persona, cómo nos sentimos, y celebrar. No oscurecer los recuerdos de la belleza que fue, por despecho o tristeza.
ResponderEliminarmuchas gracias por dejar tus huellas tus paso por aca. Anónimo
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