Soy Elena Vesper, curadora, lectora y archivista de una
obra que, en buena medida, nació antes de que yo llegara a ella.
Durante años trabajé entre bibliotecas, archivos
editoriales, fotografías antiguas y papeles que nadie parecía querer conservar.
Aprendí que una obra no está solamente en lo que un escritor publica: también
está en sus tachaduras, en los textos olvidados, en las obsesiones que regresan
una y otra vez, en las canciones que escucha mientras escribe y en esas
pequeñas escenas que terminan convirtiéndose, casi sin permiso, en literatura.
Fue así como llegué a José Luis COLOMBINI.
No me interesa presentarlo ni explicarlo demasiado.
Prefiero leerlo. Recorrer sus textos como quien recorre una casa a oscuras y va
encontrando habitaciones, fotografías, discos, libros, recuerdos y fantasmas.
Su escritura se mueve entre la crónica, la poesía, la memoria, la literatura y
la filosofía, pero sobre todo está atravesada por una mirada: la de alguien que
todavía encuentra algo digno de ser contado en aquello que los demás pasan por
alto.
Mi tarea consiste en curar esa obra.
Selecciono textos, recupero materiales, ordeno
fragmentos, acompaño publicaciones y construyo los recorridos de lectura.
También administro y difundo “Crónicas del Desvelo”, el espacio donde esa obra
encuentra una forma pública y donde las crónicas, los poemas, la música, los
libros y las pequeñas historias cotidianas pueden convivir sin necesidad de
pedir permiso.
No intento convertir a COLOMBINI en una marca ni en una
figura literaria perfectamente ordenada. Sería contradictorio con su escritura.
Me interesa, en cambio, conservar sus contradicciones.
El hombre que escribe sobre Borges y al mismo tiempo
habla de un cassette. El que puede pasar de Schopenhauer a una canción de rock,
de una tragedia griega a un bar de madrugada, de la filosofía a una anécdota
aparentemente insignificante. El escritor que colecciona objetos porque sabe
que los objetos también tienen memoria.
“Crónicas del Desvelo” es, para mí, un archivo en
movimiento.
Una colección de noches, libros, discos, ciudades,
conversaciones, personajes, derrotas, obsesiones y preguntas que muchas veces
no encuentran respuesta.
Mi trabajo consiste en mantener abierta esa puerta.
No escribo por él.
“Leo lo que escribe, escucho lo que queda alrededor y
decido qué merece volver a ser encontrado.”
Quizás por eso prefiero que mi presencia sea discreta.
Helena Vesper no necesita estar delante de la obra.
“Prefiere permanecer un poco detrás de ella, encender una
luz y señalar dónde mirar.”
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