Crónicas del Desvelo. Los restos de la noche. Literatura, periodismo gonzo, poesía, ensayos y observaciones de José Luis Colombini.

Hay noches en las que los libros permanecen abiertos sobre la mesa, el whisky pierde lentamente el frío y las fotografías dejan de ser recuerdos para convertirse en interrogantes. Es en ese territorio incierto, donde la ciudad duerme y la memoria insiste en permanecer despierta, donde nacen estas crónicas. Crónicas del Desvelo no pretende ofrecer respuestas. Es un refugio para quienes encuentran en la literatura, el rock, el cine, la filosofía y la memoria una forma de habitar el mundo. Aquí conviven Borges y Baudelaire con Robert Smith y Bowie; Schopenhauer conversa con Camus mientras una película española, una novela olvidada o una canción de post-punk iluminan, aunque sea por un instante, la oscuridad de la madrugada. Escribo desde Traslasierra, pero también desde los bares de la memoria, las bibliotecas de la adolescencia, los discos gastados, las calles recorridas y las pérdidas que todavía siguen haciendo preguntas. Cada texto es una mezcla de ensayo, autobiografía y periodismo gonzo; una manera de entender que el autor no observa la realidad desde afuera, sino que inevitablemente forma parte de ella. Porque escribir, al final, no consiste en contar una historia. Consiste en descubrir qué historia nos está contando a nosotros. “Esto no es contenido. Es insomnio grabado.”
Cada palabra publicada en este blog nació de la escritura de José Luis Colombini. Estas crónicas, ensayos, poemas y reflexiones forman parte de su obra intelectual y están protegidos por los derechos de autor. Si algún texto te conmueve, podés compartirlo, siempre citando la fuente y respetando la autoría. Gracias por valorar el trabajo creativo y la escritura independiente.

Evita: entre la historia y el mito


 

Evita: entre la historia y el mito

 

26 de julio.

 

Eva Perón murió a los 33 años, el 26 de julio de 1952, pero desde entonces dejó de ser únicamente una mujer para convertirse en una de las grandes construcciones simbólicas de la Argentina.

No importa desde qué lugar se la mire. Para unos fue la abanderada de los humildes; para otros, una figura polémica e inseparable de las tensiones del peronismo. Lo cierto es que pocas personas han despertado pasiones tan intensas, amores tan absolutos y rechazos tan persistentes. Tal vez porque Evita nunca fue solamente una dirigente política: fue una emoción colectiva.

Vuelvo hoy a dos libros de mi biblioteca. Dos maneras distintas de acercarse a una misma figura.

Felipe Pigna, en Evita. Jirones de su vida, intenta desmontar el mito para recuperar a la persona. Recorre su infancia en Los Toldos y Junín, su llegada a Buenos Aires, el encuentro con Juan Domingo Perón, la conquista del voto femenino, la Fundación Eva Perón y el vínculo, muchas veces visceral, que estableció con los trabajadores y los sectores más humildes.

Tomás Eloy Martínez, en cambio, hace el camino inverso. En Santa Evita parte de la historia para internarse en la literatura. Comprendió que, después de su muerte, Eva dejó de pertenecer solamente a los historiadores. El destino casi fantástico de su cuerpo embalsamado, ocultado durante años, trasladado clandestinamente y convertido en objeto de obsesión política parece una invención de un novelista. Sin embargo, ocurrió.

Y ahí reside una de las paradojas más fascinantes de nuestro país: la realidad argentina suele escribir argumentos que ningún editor aceptaría por considerarlos exagerados.

Los dos libros dialogan entre sí.

Pigna intenta responder quién fue Eva Duarte de Perón.

Tomás Eloy Martínez intenta comprender por qué Evita nunca dejó de existir.

Mientras uno reconstruye una vida, el otro explica el nacimiento de un mito.

Confieso que siempre me ha conmovido un aspecto de Evita por encima de cualquier discusión partidaria. Mi admiración por ella nace de una convicción profunda: la justicia social. Creo en una sociedad donde el trabajo dignifique, donde la educación y la salud sean derechos y no privilegios, donde el Estado no mire hacia otro lado cuando hay quienes quedan al margen. Esa idea de una comunidad más justa sigue teniendo vigencia y continúa interpelándonos.

Eso no significa convertir a los personajes históricos en santos. Ninguna figura pública está exenta de contradicciones. La historia exige matices, contexto y espíritu crítico. Pero también sería un error negar el impacto que Eva tuvo sobre millones de argentinos que, por primera vez, sintieron que alguien hablaba en su nombre y reconocía su dignidad.

Quizá por eso Evita sigue regresando. En los libros, en las películas, en las series, en los documentales, en las canciones, en los murales, en las discusiones familiares y en el debate político. Cada generación vuelve a preguntarse quién fue realmente, y cada época encuentra una respuesta distinta.

No todos los personajes históricos se convierten en mito. Y no todos los mitos sobreviven al paso del tiempo.

Eva Perón lo hizo.

Tal vez porque dejó de pertenecer únicamente a la biografía para ingresar en ese territorio donde habitan los grandes símbolos de una nación. Allí donde la historia aporta los hechos y la literatura intenta explicar aquello que los hechos, por sí solos, no alcanzan a decir.

Hoy, al mirar estos dos libros en mi biblioteca, no veo solamente una biografía y una novela. Veo dos formas de acercarse a una mujer que todavía nos obliga a pensar qué país queremos construir. Porque más allá de las diferencias políticas, una pregunta sigue vigente: ¿qué lugar ocupa la justicia social en la Argentina de hoy?

Y esa, quizá, sea la razón por la que Evita continúa viva en nuestra memoria colectiva.

No hay comentarios:

Publicar un comentario


"Los lectores de Crónicas"

Flag Counter